ARTÍCULO DE STEFAN NIKOLAEV

El fútbol mueve masas en muchos sitios, pero su poder en África parece algo fuera de lo común. Tanto que dos países árabes como Egipto y Argelia han roto relaciones. No solo a nivel institucional, sino entre sus poblaciones. Se acusan mutuamente y lanzan mensajes de odio. Y todo por un partido de fútbol.

Era miércoles, 18 de noviembre. El lugar, un estadio neutral en Sudán. El partido era de desempate entre Egipto y Argelia. Quién ganaba iba al mundial y el que perdía se quedaba en casa.

En torno al partido se había generado muchísima tensión. El precedente era otro partido similar que se jugó en 1989 tras el cual hubo gravísimos enfrentamientos e incidentes.

Las autoridades sudaneses no querían repetir errores del pasado y desplegaron ni más ni menos que 15.000 policías para 18.000 aficionados que iban al campo.

Finalmente, Argelia ganó y se clasificó, a diferencia de lo que había pasado hace 20 años. Sin embargo, nada frenó los disturbios posteriores. Especialmente en El Cairo y en Argel, las dos capitales.

Quemas de banderas. Enfrentamientos entre aficionados de los dos países. Autobuses, locales y embajadas apedreadas. Nadie se salva. Y algunos medios ya hablan de 18 muertos y más de 300 heridos.

Un odio que no parece tener fácil vuelta atrás.